miércoles 11 de noviembre de 2009

De sarcasmo

Al parecer el poder de convocación de este blog es tan grande que los diputados intentaron poner otro puente este año; tal era su temor.


Lástima que ningún senador parezca tener internet...

domingo 25 de octubre de 2009

Apoyo total a la revolución del 2010

Necesitamos otro puente vacacional al año.

jueves 17 de septiembre de 2009

Mini...quesque "ficición"

1-¡Pobre Néstor Arriola! Una letra lo separó eternamente de una vena literaria.



2-La puerta del taxi siempre era cerrada con bestial potencia. Todo el esqueleto del carro se cimbraba al sentir el impacto. El hombre al volante maldecía al cliente impertinente. De seguro así lo educan en su casa; No saben que cada golpe la rompe un poco...Con tal, ellos no pagan el carro...La unidad se alejaba dejando en el pavimento pensamientos y maldiciones de la índole.
Años después, Un dejo de funcionalidad era la sobra de tantos maltratos. Apenas se hacía el rol diario. Y los portazos seguían. Siempre.
Una madrugada normal,de esas que se acompañan con un atole y un tamal, el último portazo desquició a la sacrosanta puerta y se separó violentamente de la carrocería, propulsándose hacia la estratosfera, todavía con un pasajero sujeto a la manija.

lunes 14 de septiembre de 2009

De inicio...

El epígrafe fue inmejorable, preciso y hermoso. Lo eché sin leer el resto.

domingo 23 de agosto de 2009

Aquí normalmente ponen el primer verso si no tiene título

Provoca
terror
lo fácil
de ir
de vivo
a ser
un muerto.

La mano
del hombre
por ira
o sino
lo acaba.

El trueno
de un arma
La lanza,
El sexo
o incluso...
El karma.

Mas
el
mayor
peligro..
la pluma:

Se borra
con goma;
Se tacha
la hoja,
y ya
no es.

lunes 10 de agosto de 2009

Celosía #1

Las palabras están llenas de significado. Esta frase ejerce especial fuerza cuando hablamos de ocupaciones: Día a día podemos ver un constante juego en nuestra vida: El licenciado que sólo conoce los libros en su formato empastado, pues nunca ha logrado pasar de leer la pasta de estos; el maestro cuya toda argucia se concentra en beber una cantidad que borda en el eufemismo de cervezas;el bruto con arma prehistórica integrada y con osadía para llamarse agente del deber. En fin, en lo cotidiano parece normal e incluso gracioso; aunque en reflexión profunda trae un rictus de horror a nuestra cara.

Tal vez mi rostro se acopló de esa manera al leer la revista Replicante. Ya la había comprado varias veces pero hasta ahora siento que puedo entenderla más; por ende, puedo destrozarla.

Y es aquí donde entra la ligereza de las palabras. Uno mueve los ojos alrededor de los artículos de la revista y ve las palabras con un peso ligero; casi de propiedades de helio. El final, siempre firman con el nombre y una fatídica palabra: escritor;artista; cineasta; dios. Y es sólo una palabra. Junto al nombre. No hay más, no hay prefacio, no hay introducción es un simple: (nombre) es un escritor, (nombre) es un artista. Hombre, las palabras flotan en estos artículos. Llenemos unos cuantos globos con las palabras de estos articulistas y podremos elevar la era humana a una nueva edad, ya no la estratosfera sino a un nuevo mundo, al demiurgo pedante.
Para estas alturas ya no es necesario hacer un debate sobre la calidad de estos hombres que enarbolan tan bien el nombre de su revista: Replicante. El que efectúa la Réplica. Aquí se puede partir a dos desastres semánticos: El primero, la copia; algo que nunca será tan bueno como el original: Tal vez un dejo de humildad que choca completamente con la pedantería y la pretenciosidad de la revista. El segundo, lo que da una respuesta. Pero ahí queda. Hay algo más allá de una réplica? las personas de la revista no parecen buscarlo. Su opinión es finiquito.

Si al menos su escritura validara el peso de las palabras finales...

Flotemos con palabras llenas de liviano conocimiento a alturas insospechadas, a donde nuestra réplica es el absoluto.

Celosía

Está en mi naturaleza el criticar las cosas. Cualquier cosa u objeto puede caer en el escrutinio de mi mirada vacante. Ya sea una película, un cómic, una persona, la obra comienza cuando puedo abstraer y encontrarlo lejano; Desde un punto de vista donde mi sombra se extiende sobre mí, haciendo imposible discernir mi persona y dándome el sabor infinito del desprecio. Pero me ciega a la vez mi gran poder: desaparece ese yo tan buscado a lo largo de la historia, puedo ver pero mi fatídico reflejo desaparece bajo ese hálito de desprecio que exudo. Me convierto en una triste celosía.

Así inauguro Celosía. El ver sin ser visto. Un ejercicio vacío. Un danzante de frágil cristal que huye de sus propias fallas burlándose de estructuras aun más vacías que él.

martes 30 de junio de 2009

Roland Rehash

Hace tiempo en el blog hice un mini-texto con base en una canción de Interpol. La verdad es que nunca me gustó. Ahorita, diré que esta versión es mejor. En unos meses escribiré otro fallido intento, de seguro.


(...)
He was growing on me.
He was growing on me.

Interpol, I guess...


Soltó el cuchillo. El reflejo del cadáver, con la barba ya costrosa por la sangre de la quija permanentemente suelta, lo asustó. Después de un rato, en el cual permaneció sentado, quieto, agazapado detrás de la protección que eran sus piernas recogidas y cerradas por los brazos, volvió a tomar el cuchillo.El agua, dura en blanco reflejo, no había evitado la mancha del rojo charco soñador de pasada vida.

Bañado en líquido de su antiguo dueño, Sus 15 hermanos reposaban ahí, a los lejos; en un estuche irreconocible. Los adultos se habían encargado de dejarlo así. El viejo hombre a su lado no podía presumir de mejor destino. El nudo tan flexible que unía el todo estaba desbaratado, hecho filamentos tan finos;Profusas puñaladas dejaban ver a través de la arrugada piel; luego, las bolsas que evitaban que todo la materia del interior se desbordara ya no eran formas definidas; antes tan ordenadas, ahora dejaban ver un grotesco esparcimiento a través de las costuras rotas, mismas que momentos antes evitaban el desborde tan temido que hacía peligrar la vida. Irreconocible: El amo; el estuche. Igualados en sus daños.

Aún con el cuchillo lleno de sangre en la mano, se acercó al anciano. No tenía caso una señal como tomar su mano o cerrar sus ojos cálidos, perturbadores decían otros. Oteó el estuche y regresó la mirada a la hoja en su mano. Lo enterró en la nieve, sacándolo un momento después. La sangre seguía ahí, lo había marcado de por vida. Lleno de sangre y una nieve con vistas de derretirse en gotas que cayeran con melancolía por su superficie metálica. Alejado de los demás cuchillos; solo y roto. Y el único hombre que lo entendía yacía frío a un lado. Encontró de nuevo su reflejo en la superficie sucia.

Mientras caminaba pensaba en como no podía ser una sombre que se alejaba. Engullido por la nieve, su silueta desaparecía. Apretó el cuchillo en su chaqueta. El último regalo del carnicero.